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La exposición

21 de Octubre, 2016 – 5 de Febrero, 2017

Albert Oehlen (Krefeld, Alemania, 1954) está entre los pintores más influyentes de las últimas décadas y es uno de los artistas más controvertidos de la Alemania de posguerra. Su estilo pictórico, inconfundiblemente contemporáneo, se nutre de técnicas provenientes de la industria de la publicidad, de la pincelada expresionista, del gesto surrealista y de imágenes generadas por ordenador. Oehlen es un artista conceptual que emplea la pintura como medio y ha contribuido con su obra —es decir, precisamente pintando— al debate sobre la muerte de la pintura que resurge cada cierto tiempo desde mediados del siglo XX. Sobre la interpretación de su trabajo, afirma: “Que cada uno piense lo que quiera. Me aburre hablar de significados. No busco entendimientos ni complicidades con el público. Cada cual es libre de sus sensaciones”. En los últimos años, sus pinturas han desarrollado lo que él define como su tema principal, la libertad artística, algo que se evidencia en su valentía al abordar el lienzo, empleando nuevas técnicas que conservan el vocabulario del pasado y despiertan la extraña, paradójica sensación de que se trata de algo nuevo, pero familiar.

Esta exposición, integrada por tres series, dos autorretratos y un collage-pintura de nueva creación, no pretende ser una retrospectiva al uso, sino una declaración artística. La primera de las series es abstracta y data de los años ochenta; la segunda se compone de obras realizadas por ordenador en la década de los noventa, y la tercera, comenzada en 1989 y aún en proceso, versa sobre el tema de los árboles. La muestra explora “hasta qué punto somos capaces de ver detrás de la imagen”. Si bien las pinturas seleccionadas para esta muestra son formalmente diferentes en primera instancia, las tres series poseen un núcleo común que las relaciona y permite que se establezcan vínculos entre ellas. En el trabajo de Oehlen, la imagen se convierte en ironía e insinuación. En un gesto aparentemente diletante, de "mala pintura", con sus obras derriba los ideales de la pintura clásica de manera radical y permanente. Esta franqueza pictórica se refleja también en la temática abordada por el artista.

Autorretratos

A lo largo de su carrera, Albert Oehlen ha realizado una serie de autorretratos en los que su propia imagen sirve como punto de partida para plantear una reflexión sobre el significado del arte y la identidad del artista.

En estas obras, el pintor intenta llegar a un punto de equilibrio entre la figuración y la abstracción para cuestionar, a través de un género clásico, las normas de la práctica artística y los imperativos culturales, estéticos y artísticos tradicionales.

En estos autorretratos, el sujeto no es lo más relevante, sino que el tema se convierte en un medio que permite al artista expresar sus ideas. Normalmente, los retratos de Oehlen son imágenes realizadas con una gama de color reducida —en la que predominan los tonos marrones, ocres y grises— y están pintados en un estilo directo y gestual, utilizando una técnica deliberadamente “antivirtuosa”.

En Él como primavera (Selbst als Frühling), 2006, Oehlen reinterpreta un tema pictórico tradicional, la celebración de la primavera y de la vida, mostrando una escena idílica en la que las apariencias engañan. Un personaje masculino nos mira, representando al propio pintor, que ha reemplazado al dios Baco; pero no se muestra como un dios alegre, celebrando un momento feliz, sino con un semblante serio. Oehlen ocupa el lugar del dios, presentándose como un creador —creador de la pintura—, pero al mismo tiempo destructor de su significado tradicional. El artista introduce elementos de la vida actual, sustituyendo el vino por un botellín de cerveza y la corona de hojas de parra por una camiseta blanca de tirantes.

Oehlen utiliza sus autorretratos como herramienta para criticar la extendida creencia de que el pintor es una especie de Dios. Así, se muestra como un artista que no posee control sobre sí mismo ni sobre su propia obra una vez que esta ha salido de su estudio.

Pinturas por ordenador

(década de 1990)

No me interesa el caos sino el orden sin control

Albert Oehlen

  • En 1992, Oehlen empezó a realizar pinturas diseñadas por ordenador, caracterizadas por carácter pixelado y su baja resolución. A pesar de sus limitaciones, el potencial técnico de los ordenadores ha creado una serie de reglas y patrones a partir de los cuales el artista puede improvisar. Los programas básicos de dibujo digital posibilitan una nueva forma de abstracción. Oehlen centró su interés en los patrones creados por los movimientos realizados por la mano con el ratón del ordenador, que permitían seguir reflejando el gesto expresivo, personal. 

    Haciendo gala de su ironía y espontaneidad, el artista define estas pinturas como “biónicas”, aunque realmente tienen un aspecto más primitivo que futurista. Utilizando la jerga del mundo digital, estas imágenes sufren de “sobrecargas de datos”. El uso exclusivo del negro en estos trabajos puede ser interpretado como uno de los desafíos que el artista se plantea. 

    Estos dibujos surgieron como una serie de motivos realizados en un ordenador portátil, que posteriormente se ampliaron y se imprimieron en un lienzo. Fueron creados mediante una combinación de diferentes técnicas, como impresiones por ordenador, serigrafía y pintura con pincel. Si bien esta fusión de distintos procedimientos es habitual en la actualidad, Oehlen fue un auténtico pionero en la década de los noventa, al adaptar los complejos recursos tecnológicos existentes con la finalidad de idear una técnica apropiada para los pintores de la era digital.

Pinturas abstractas

(década de 1980)

Las pinturas abstractas de Albert Oehlen se sitúan en realidad en la frontera entre la figuración y la abstracción, y son reconocibles por la manera impetuosa y exaltada con la que el artista emplea el color y por la personal y audaz gestualidad del pincel. Oehlen comienza a pintar cuadros abstractos en 1988, cuando se instala en Andalucía junto al artista Martin Kippenberger. Sobre este cambio que se produce en su estilo, Oehlen ha afirmado: “En cierto sentido creía que la historia del arte se movía de lo figurativo a lo abstracto. Y yo debía hacer lo mismo. Debía vivir en mi vida la misma evolución que se había producido en la historia del arte”.

Estas pinturas, realizadas al óleo, el método pictórico más tradicional, trasmiten una sensación de despreocupación, como si el artista estuviera ocultando su verdadera habilidad técnica utilizando empastes brillantes de colores fuertes. No se atienen a ningún canon convencional de belleza o norma establecida.

Los cuadros abstractos de Oehlen no son bellos ni atractivos. En las afirmaciones que hace sobre su propio trabajo, se hace patente el sarcasmo del artista: “Cuando trabajas sobre un cuadro durante un mes, pasas treinta días frente a la imagen más fea del mundo. En mi trabajo estoy constantemente rodeado de las imágenes más espantosas. De verdad. Lo que veo son andrajos insoportablemente feos, que se transforman en el último momento, como por arte de magia, en algo bello”.

Árboles

(2013 - 2016)

En 1989, Oehlen decide convertirse en un pintor abstracto y comienza a utilizar el motivo del árbol como tema de su pintura. De la misma manera que Piet Mondrian había investigado la disolución de la forma figurativa a partir de un árbol, Oehlen utiliza este recurso “como vehículo para despojar sus obras metódicamente de contenido”. 

Las imágenes de esta serie presentan formas esquemáticas de aspecto arbóreo y color negro: los troncos y ramas se convierten en siluetas semejantes a los dibujos de Oehlen realizados por ordenador, aunque hayan sido meticulosamente pintados a mano con pincel y óleo. Según el autor: “Cuando colocas esas líneas negras sobre un fondo magenta, ocurre algo inquietante. El magenta es un color histérico, de algún modo. Para mí, parecen árboles psicopáticos: árboles-humanos psicopáticos”.

La estructura caótica y desordenada de las ramas de los árboles permite al artista empezar a crear una obra sin saber adónde le van a llevar las pinceladas. Partiendo del centro, cada rama constituye una reacción al elemento previo, por lo que no hay nada establecido de antemano, únicamente los colores que Oehlen va a utilizar. 

Estos cuadros han sido pintados sobre una lámina de aluminio cubierta con polietileno, materiales que les otorgan el aspecto de paneles publicitarios. El propio pintor se refiere así a ellos: “Me gusta esa rigidez; da la sensación de que se trata de tecnología moderna, y es mucho más fácil pintar sobre este material que sobre el lienzo. No es que buscara otra superficie, simplemente un día la probé y me gustó”. Estos cambios accidentales son típicos de Oehlen y están guiados por el instinto, pero también son fruto del cálculo.

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